Señora y joven
Esta mañana estaba sentado en una cafetería tomando tranquilamente el desayuno, cuando de repente se me acerca una señora mayor y con una mirada de reprobación me suelta:
- Deberías afeitarte esta barba.
- ¿¿?? - miro a mi alrededor para asegurarme que realmente se está dirigiendo a mi. Efectivamente, no hay nadie ni a mi izquierda ni a mi derecha, así que debo ser yo el blanco de su sentencia y desagradable tono.
Acto seguido sigue con su discurso. Parece ser de aquellas personas que no les gusta dejar las cosas a media, especialmente cuando se trata de decir bien alto y clarito algo que les disgusta.
- Estarías más guapo y parecerías más limpio. Esta barba te hace parecer sucio.
Mi boca deja de masticar y se queda quieta, congelada, haciendo bola con mi bocadillo masticado en la parte derecha de la misma.
- Claro que te la debes dejar porque es más cómodo. Pero deberías quitártela.
Pero alguien le ha pedido opinión, señora? -pienso. Pero sigo callado, esperando escuchar la totalidad del veredicto y tratando de comprender porqué se ha dirigido a mi, o mejor, a mi barba. Pero antes de que pueda articular palabra y presentar mi defensa, se levanta y se va.
Esta tarde, en el tren de camino a Barcelona, me he sentado enfrente de una chica que tendría unos pocos años menos que yo. Su aspecto era, digamos que distinto. Con un toque moderno, rockero, pretendidamente dejado, con unos labios pintados de un rojo tan intenso que aún siendo sexys parecían ser dueños y señores de su rostro. He pensado qué le hubiera dicho la señora mayor (yo creo que le hubiera dado un infarto) y qué le hubiera respondido la, llamémosla rockera.
De repente, ha sonado su teléfono móvil y ha empezado a hablar con un chico.
- Si tío, una flipada, tío. Vamos a grabar el videoclip y quedará genial, tío, seguro. El otro día hicimos la portada del álbum y ha quedado una pasada, tío. Es una foto en la que salimos los cuatro y nos han cortado las cabezas y con un fotomontaje las han puesto encima de lo que parecen unos soldados de plomo. No, tío, la mía la han puesto en una muñeca hinchable jaja (se ríe), la leche sí, con unas tetas enormes (esto dentro de un pequeño habitáculo del tren lleno de gente), pero decidimos rebajárselas porque eran muy muy grandes jajajaja (se descojona). No, tío, no es rollo comercial, es algo distinto, un sonido nuevo, distinto, tío, si, por supuesto, las canciones las he compuesto yo, tío. Buah, cómo suenan, tienes que escucharlo.
No negaré que he estado a punto de preguntarle cuál era su grupo y cuando podría comprar su álbum... Pero una vez más me he quedado callado, como en la mañana, siendo espectador pasivo de distintas generaciones y distintas maneras de ver y entender la vida. Dos polos opuestos cuyos puntos de vista, imagino, no sólo serían irreconciliables, sino hasta catastróficos si se encontraran. Y luego he pensado, ¿no es bonita esta diversidad? Esperemos que la globalización no llegue nunca a globalizar nuestra manera de ser, ver y entender la vida...
Un artículo curioso para un día con dos encuentros no menos curiosos.

Y publicado por Santi a las 12:12 AM




























Y publicado por Paula a las 09:10 PM

































