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Desengaño

Te compré una cosa que sabía que te encantaba, porque me hacía ilusión simplemente, porque yo soy así, me gusta cuidar a quién me rodea, me hace sentir bien y me emociona profundamente observar las sorpresas agradables. Es incluso mejor que cualquier regalo que puedan hacerme a mi. Así que lo hice con toda la intención del mundo, buscando tu emoción, seguramente buscando también una recompensa egoísta, pero no esperaba encontrarme con aquella ingratitud. Tuviste una reacción inesperada, fuera de lugar, desorbitada y muy fea. Me quedé de piedra cuando me escupiste. Aún recuerdo mi mano humedecida cuando hice el ademán de protegerme. Aún siento esa desagradable sensación de impotencia, de no saber qué hacer, de quedarme atontado, mirándote, sin saber reaccionar, sin saber cómo era posible que aquello me estuviera sucediendo. Y entonces me vinieron a la cabeza esos consejos que recibí de mis amigos cuando me aconsejaban que pasara de ti. Ellos te calaron desde un principio. Y yo seguramente también, pero ¿qué quieres que haga con esos impulsos tan intensos que corren por mi interior? No puedo, no quiero dominarlos, quiero sentirlos a pesar que una y otra vez me meta de hostias. Y aunque lo supiera no sólo por ellos, sino incluso por mi, soy de aquellos que nunca pierden la esperanza. Así que cuando me dijeron que en cualquier otra parte encontraría algo mejor, incluso allí cerca, a la vuelta de la esquina de donde estábamos, yo -cabezota y visceral- niño pequeño encaprichado con ese juguete y únicamente con ese, dije no. Suelo ser flexible, pero sé que hay veces en las que me planto y soy de ideas fijas. Contigo lo tenía claro. No quería otra cosa. Me lo busqué. Reconozco que me lo busqué. Pero es que estabas tan graciosa allí, dispuesta en el marmol de la cocina, esperando a que alguien viniera con café molido y te lo pusiera con esa ilusión que sólo los que sabemos apreciar el sabor del café tenemos... Fuiste un amor a primera vista. Vestías de diseño italiano. Pero cuando empezaste a sacar mierda por tu boca, en lugar de café, comprendí que el dicho era cierto "El hábito no hace al monje". Así que por más diseño italiano que llevaras encima, seguías siendo lo que en realidad nunca habías dejado de ser, una cafetera de plástico oxidada y desagradecida. Y yo que llegué a ilusionarme contigo pensando que podríamos quedarnos en casa tomando café... La próxima vez haré caso a mis amigos y nos iremos al bar de la esquina. Allí seguro que hay máquinas que no me decepcionen tanto como lo hiciste tu aquel día.

(Basado en un episodio que tuve con una cafetera estos días de Semana Santa)

Comentarios

Santi, carinyu, deixa les drogues.

I tu treballa!!! Què fas llegint-me a hores de feina? Quina poca vergonya...

Ostres . . . feia molt que no entrava a la web i desprès de llegir això . . . confirmo que la gent no canvia :-P! Jajaja . . . no canviïs i segueix així “campeón”! Ets un crack, sempre em sorprendràs!! Jajaja . . .

Jajaja, reconec que la broma de l'article ha tingut certa polèmica, però d'això es tractava jeje... Mireia, quan de temps!! Espero que tot bé!! Petons!

Santi,estás fatal!!!

Es la inevitable trayectoria personal carente de amor y afecto la que me lleva a escribir apasionadamente... jejejejejejeje

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